martes, 10 de marzo de 2020

Mi abuelo José Ramón, mi Abuelo Cacomixtle


A mi madre Luz María y a mi tío José Ramón.


Quizá de mi infancia, uno de los mejores recuerdos que conservo, es de mi Abuelo José Ramón. Un caballero de triste figura, alto, enjuto, de enormes ojos y barba, elegante de manera natural; de movimientos suaves pero firmes, de mirada y sonrisa dulce cuando tomaba mi mano y jugaba conmigo, cuando me contaba historias, cuando me mostraba fotos. Gracias por el regalo de la historia.


Viajar de Irapuato a la Cd. de México, era tedioso, aunque la recompensa era correr a saludar al Abuelito y saber que siempre, siempre, habría una adivinanza, una historia, una imagen, un dibujo que compartir con su Lucerito.

Cuenta mi mamá que la primera persona que fue a visitarme después de haber nacido, fue él; el primer regalo también fue de él, una pequeña muñeca que aun conservo a la cual llamé "Martita". Dice mi madre que cuando me tuvo en sus brazos, pasó horas y horas observándome y cierta estoy, me amo profundamente, con la ternura de ese hombre sencillo, de paso firme y aire elegante.

Entre semana, mi Abuelito usaba su traje formal para ir a trabajar, siempre usando un sombrero que era intocable al igual que su barba. Me gustaba ver caminar a mi Abuelo tocado de su sombrero, peinada su barba entre blanca y amarillenta de toda una vida de fumador, siempre con el inseparable libro y libreta donde escribía y/o dibujaba 
todo el tiempo bajo su brazo.

Casi todos los domingos se iba de "charreada" para ello usaba traje de faena o de gala, ¡con los dos se veía magnífico! siempre lo portó con orgullo y elegancia, con caballerosidad y sencillez a la vez. Ser charro, para él, fue una forma de vida. Hasta ya entrado en años, realizaba el paso de la muerte con maestría. Enojaba en serio cuando se confundía el adorado traje de charro con el de mariachi.

Fue un defensor de la charrería con profundo conocimiento de causa, era experto en caballos, escribió sobre ambos temas siempre dando lugar a la tradición, a las costumbres, a los recuerdos de aquella Hacienda de Santa Isabel, ahí donde pasó su infancia.

Creo que nunca salió de ahí, era capaz de contar una historia, una anécdota, de hacer una descripción detallada de los habitantes de Santa Isabel y de todos y cada uno de sus rincones. 

Fue folklorista, defensor también de los usos y costumbres que definen la esencia de nuestro país, amó a profundamente sus orígenes y la tierra donde creció; amó profundamente a mi Abuela, a mi mamá y a mi tío. Amó la charrería, escribir acerca de la misma, amó a los caballos, amo a Santa Isable y me amó a mi. Por años publicó en periódicos y revistas sus escritos; publicó dos libros, uno en vida y uno póstumo. Hizo para mi una colección de adivinanzas, ¡más de 500!

Inicio este blog contando un poco de él, el fin del mismo, es compartir algunos de sus escritos, su visión particular, costumbrista del mundo que le tocó vivir, que no escoger, el campo fue su sino; la ciudad su escritorio.

Ayer estuve acomodando un baúl donde, entre otras cosas, guardo algunos de sus manuscritos, transcripciones a máquina, dibujos y fotos, viejas y borrosas fotos que dan fe de lo que cuenta el Abuelo Cacomixtle.

Yo era su pequeña cacomixtle, su Lucerito por eso este blog tiene, en honor de esa persona que me obsequió su amor y cuidados tanto como le fue posible. Es un honor escribir y transcribir algunos de los escritos del Abuelo Cacomixtle.

Comenzaré con los sonetos "Musa Campirana", cada entrada será un soneto escrito por él, por Don José Ramón Ballesteros Sánchez, hijo, hermano, esposo, padre, abuelo. Hoy comparto la introducción, espero nos acompañen en este recorrido de vida y recuerdos. Transcribo fielmente.




Musa Campirana
Sonetos

Introducción

Queridos lectores:

En este trabajo que intitulo "Musa Campirana", deseo describir con la belleza de la prosa, algunos aspectos interesantes de la campiña mexicana y tipos y circunstancias folklóricas, en particular del Estado de México.

Con el poder magnífico de la imaginación y vuestra fantasía, trataré de conduciros fraternalmente hasta la vieja hacienda de Santa Isabel, donde, literalmente, os invito a pasar una corta temporada, para disfrutar del tranquilo encanto de la Naturaleza y admirar algunas actividades que en distintas épocas del año -hace más de tres décadas (entre 1945 y 1953)- se efectuaban durante las labores en el campo del Valle de Toluca.

La descripción que de las tradiciones pretendo hacer en prosa costumbrista, he querido engalanarla con el manto regio de la poesía, por lo que encontrareis en "Musa Campirana", después de cada explicación previa, un soneto que pretende idealizar la arcilla de mis versos, en el oro magnífico del arte.

Por todo lo anterior, antes de entrar en materia, quiero haceros una advertencia, ofreceros los "Ecos de mi lira" y desearos que goceis de la felicidad del campo. Si logro esa meta, habré sido objeto de vuestra generosa indulgencia como lectores y como críticos.



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